Cuento ganador de la tercera mención honorífica en el
Segundo Certamen de Cuento del CUSur.
Juan Miguel Sandoval Zavala
Al principio se creyó que era una broma del gobierno o de
alguno de esos desquehacerados que sólo están viendo qué inventarse para crear
polémica, hasta que aparecieron los anuncios por la radio, la televisión y las
calles. —No me lo creo— se oía al viento repetir —es imposible—. Era demasiado
cierto para ser digerido por una maltratada ciudadanía. Entonces el gobierno
dio la noticia que, desde hacía diez años, trabajaban secretamente en el
proyecto Delta, que se encargaría de llevar a veinte robots a Tilontu, un
pequeño pueblo tercermundista oculto en un valle desértico. Se quería, de una manera
revolucionaria, sacar de la pobreza a los pueblos olvidados como Tilontu, y
auxiliarlos, por fin, en la lucha contra su miseria. El proyecto consistía en
entregar a cada familia un robot que les ayudaría día y noche a trabajar,
sustituyendo todo esfuerzo de sus ya acabadas articulaciones. Los robots
construirían casas, calles, escuelas y hospitales, además de que harían
agricultura y ganadería. Harían de aquel olvidado lugar uno de los más
populares del mundo, siendo el primero en albergar autómatas inteligentes,
máquinas andantes, robots.