Fernando G. Castolo
Considerando que la tan anunciada
precipitación pluvial del pasado 22 y 23 de octubre no tuvo los efectos que se
pronosticaban en forma alarmante, es indiscutible que la fe del pueblo de
Zapotlán el Grande, con el apoyo moral de los miles de peregrinos que nos
visitan desde diversas latitudes, se hizo presente; pero es menester ventilar
que este fenómeno devocional sí tiene un precedente, dado que no es la primera
ocasión en que la ciudad, envuelta en pertinaz diluvio, saca avante el
juramento realizado por nuestros ancestros en 1749, donde se comprometían en
realizar una procesión “… con su personal asistencia en forma de marcha
militar… en la tarde de dicho día al santísimo Rosario…”, de ahí el nombre con
el que se le conoció antaño al tradicional recorrido de andas o alegorías.















