A primera vista el Ébola parece un tema distante,
un asunto del que últimamente se ocupan los noticieros; imágenes en la
televisión donde aparecen hombres con enormes trajes blancos de protección
sanitarios, cuyo rostros no se distinguen, y se desplazan con la lentitud de los
astronautas en una caminata lunar.
La amenaza del mencionado virus -su nombre proviene
del río Ébola, en la República Democrática del Congo-, es una realidad que se
ha extendido desde el continente africano hacia otras partes del planeta. De
acuerdo a la OMS, hay un total de 10 mil 141 casos, de los cuales suman 4992
fallecidos hasta el pasado día 23 del presente mes.
Como puede verse, las cifras son una señal de
alarma, un referente que pese a todo, nos resulta distante; es algo que jamás
sucederá en mi país, solemos decir a manera de consuelo.
Pero en la realidad los virus no se limitan a la
fuerza de los pensamientos, sino que mutan, se trasladan de un cuerpo a otro;
es decir, no permanecen en un solo sitio. Y esto los hace más peligrosos.
Contra los miles mencionados, la aparición de uno,
o dos casos aislados que aparecen en algún país europeo o en los Estaos Unidos
generan pánico entre sus habitantes, y entre sus vecinos.
En los brotes epidémicos no hay garantía de nada.
En el siglo XX el Sida surgió también como una amenaza, y hoy es uno de los
males que continúa afectando a personas de ambos sexos y de todas las edades.
Lo mismo ocurrió hace 5 años con la Influenza A
(H1N1), solo que a diferencia de la anterior enfermedad se logró desarrollar
una vacuna que previene la proliferación del virus.
El Ébola no es uno de los 4 Jinetes del Apocalipsis
sino otro padecimiento que afecta a la humanidad, un fantasma que puede
atravesar fronteras y esparcir su letal veneno.
Aunque su forma de contagio es directa, es muy
alarmante el hecho de que no se ha podido desarrollar una vacuna, y que son
pocas las personas que sobreviven a su ataque.
La amenaza es latente. No es una noticia lejana. El
gobierno, a través de las instituciones de Salud se organizan y se preparan por
lo que pueda suceder. Asimismo, la vigilancia en aeropuertos, fronteras y
puertos se ha intensificado.
Pero, ¿esto es suficiente? Tal vez no. Aunque es un
principio esperanzador. No obstante, como es sabido, los virus tampoco respetan
los anhelos de los seres humanos.
Las autoridades sanitarias, la ONU dicen que
debemos estar preparados, aunque no han especificado de qué, o más bien cómo
hay que mantenerse alertas. Con el Sida y la Influenza A, lo sabemos; con el
Ébola hasta donde estamos enterados no se debe tener contacto directo con la
persona enferma.
Sin embargo, en la calle, en el autobús, en alguna
cafetería o en una plaza comercial, alguien sin saberlo puede haber
desarrollado el virus y entonces comienzan los problemas.
No, de ninguna manera; este padecimiento está más
cerca de lo que pensamos.
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